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Hoy cumplo 18 años.
Por fin puedo dormir con tranquilidad. Ya he dejado de tratar ser algo que no soy. mis virtudes son mis defectos y puedo salir parada de cualquier situación casi tanto como la rapidez con la que me meto en problemas.
No soy la adolescente tonta que me hicieron creer que era.
Pero acá estoy, parada. Después de uno, dos, veinte ataques de rebeldía, impulsividad e insolencia que me caracterizan como buena peronista que soy.
El 8 de abril de 1996, a las 15:25hs. bajo el signo de aries y el ascendente de libra, salí de la cicatriz que de por vida le provocaría a mi madre. Estaba al revés, nací al revés. A éso le debo mis problemas de columna actuales.
Tenía una terrible habilidad de indignación, con el efecto secundario de siempre ponerme del lado del que no podía "pagar" para que sus derechos fueran escuchados. Aún hoy soy buena indignándome.
Los registros de mi niñez demuestran que siempre he sido, y probablemente sea hasta la muerte, una maldita bipolar. Contengo una ira irracional mezclada con ojos de acuarela. Soy un cordero en la piel de un lobo. Pero sigo siendo un lobo, no lo olviden.
Ya acepté mi cuerpo con sus partes flojas, con las marcas viejas y las marcas nuevas, con la gravedad, con la naturalidad. Me acepté en plenitud y quiero que sepan que amo mi cuerpo y hace tiempo que nunca más volví a desear tener otro.
Aprendí que no todo el mundo viene para quedarse, y que no todo el mundo viene para irse.
Aprendí a no reprocharles a los que se quedan, porque ellos se quedaron cuando todos los demás se fueron.
Dejé ir a los que no me querían cerca.
Ya no me importa lo que la gente opine de mí. Ya no me importa lo que hagan los demás. Hago lo mejor que puedo. Ya no deseo estar a la altura de nadie. No soy mi nombre ni mi apellido. No soy mi apodo. No soy mucho en realidad.
Me encontré teniendo opiniones realimente adultas sobre ciertos temas, me dí cuenta de que no repetía el discurso de nadie, y simplemente había elegido luchar por una causa que me motivaba, una causa que había tomado como propia, de ésas causas en las que te ves reflejado a vos mismo.
Yo nací para esto. Para ser lo que soy hoy.
Una maldita bipolar, rebelde, impulsiva e insolente, un cordero en la piel de un lobo. Una mujer que es buena indignándose... y muy orgullosa de ello.

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