lunes, 8 de junio de 2015


Me compré un espejo grandísimo,
lo puse en la habitación
y me contemplé
en él.
Descubrí que mi verdadero rostro
está aprisionado
detrás del que tengo ahora.
Me esfuerzo por salvarlo,
pero no lo logro alcanzar:

es la pequeña niña
que habita en mí,
está dormida
y no quiere despertar.

Parada frente a ese reflejo,
sólo queda la nostalgia
de las inocencias
que supe olvidar.

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