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Aquella chica del tren

No voy a pedirte que te la juegues por mí, ni siquiera se me pasa por la mente la posibilidad de que puedas hacerlo.
Porque descubrí que vos vivís del pasado y tus malas experiencias.
Que tu presente es una constante comparación con lo que te sucedió.
Que a vos te rompieron las ilusiones y las expectativas y ésa es hoy la excusa que ponés para no querer volver a amar. (Ésa es la excusa para no querer amarme)
Que el miedo a lo desconocido te encapsula, te encierra, te adormece.
Descubrí que jamás podrías morir por amor. Porque no te da el coraje para hacerlo ni para intentarlo.
Porque preferís no vivir. Existir pero no sentir. Prefirís quedarte ahí, en tu zona de confort, escondido entre tus miedos, debajo de la cama, entre las cosas que jamás realizaste, hablando de todos los "cambios" que deberías hacer para estar conmigo.
Preferís despertarte solo, sin un mensaje de Buenos días. Preferís no escuchar consejos, no compartir un domingo de alegría.
Preferís estar con miles que no te hacen sentir nada.
Y eso que te escuché decirme las cosas más increíbles que alguna vez alguien me dijo. Como que yo era hermosa, única, distinta, excelente. Que las coincidencias no existian.
Cómo puedo esperar a que te la juegues por mí, si preferís dejarme escapar, con la excusa de no estar preparado, con la excusa de que tenés que cambiar muchas cosas antes, echándole la culpa al destiempo.
Si el amor ya no te motiva, ni te incentiva, ni es un motor de lucha para ir más allá de tus inseguridades, te vas a perder de grandes cosas. Y no me refiero a que yo sea eso maravilloso que tanto necesitás. Quizás sí. Quizás no. Pero las dudas que quedan sin resolverse, lastiman.
Y hoy, me dejás escapar. Y yo, con lágrimas en los ojos decido soltarte, despidiéndome para siempre.

(Cuánta razón tuviste cuando me dijiste aquel día que conmigo el tren pasaba sólo una vez...)

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