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Cada canción que escucho tiene las notas de su voz, y en todas las miradas siempre encuentro el verde interminable de sus ojos. Enamorarme de él fue algo hermoso y a la vez un castigo. Un hecho consumado, una sentencia incuestionable que simplemente decidí aceptar. El amor que sentí por él fue tan inolvidable como imposible. Siempre supe que tarde o temprano se iría. Porque encontrar a alguien y conectar no se da muy a menudo, mucho menos que esa persona te asegure que no se irá de tu lado al menos por un tiempo. Por éso duele, por lo que jamás será. Por las cosas que planeamos juntos y no serán, por la presentación oficial a mi familia que quedó pendiente, por las ganas que tuve de que conocieras a mi papá antes de que partiera. Me gusta soñar despierta, me gusta recrear en mi mente una realidad paralela, porque revivir esas pocas demostraciones de afecto se me hace indispensable para seguir viviendo. Hoy me encontré con esta foto que sacaste vos en Córdoba, en ese viaje que me invitaste y no pude ir. Y te extraño. Sólo me queda cerrar mis ojos y soñar que te tengo de vuelta. 

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Esa clase de mujer.

Me cansé de tantas vueltas. Mías, de él, de los dos.
No tengo ganas de ser yo siempre la que hable, la que invite, la que espere. Merezco que él mueva los hilos alguna vez. Si no puede hacerlo, entonces, no es para mi.
Te mostrás tal cual sos, le manifestás tus intenciones de verlo y hasta le volvés a escribir después de clavarte cincuenta veces el visto. Y una siempre se queda hecha un bollito conformándose con invitaciones a medias, indirectas extrañas, demostraciones de cariño que nunca llegan a volverse reales... Lo que ocurre es bastante sencillo. Soy esa clase de mujer que nunca es suficiente. De esas que siempre son buenas amigas, grandes confidentes, profundas amantes de la vida, pero que no alcanzan la categoría de indispensables. Con el brillo adecuado para alumbrar... pero insuficiente para encender.
Siempre suele faltarme una dósis de paciencia, un gesto oportuno, una carta por mostrar...
Siempre suele sobrarme una pregunta, una presencia, una lágrima que cae sin avisar..…

L

Cada vez que coloco la letra "L" en el buscador de Facebook, me aparece primero tu nombre. La razón es bastante sencilla. Durante mucho tiempo fuiste la única "L" que me interesó. Así sigue siendo. Aún no encontré otro "amor platónico" y no sé si quiera volver a tenerlo. Todos los que alguna vez tuvieron un amor imposible me entenderán cuando digo que ésto de las redes sociales hacen que nos sintamos más cercanos con ellos. No sos una celebridad ni vivís a miles de kilómetros de distancia como mis artistas favoritos. Vivís en mi misma ciudad, muy cerca mío pero aún así nos separa algo mucho más fuerte que la barrera del tiempo y el espacio... los sentimientos. Para mi lo llegaste a ser (casi) todo, para vos yo no llegué a ser nada. Te habré visto en persona tan sólo unas veces, y fueron suficientes para enamorarme perdidamente de vos. Nunca me gustaste por el físico, me enamoró tu inteligencia, tu manera de ver la vida, tu sentido del humor, tus valores.…

Lo odio porque lo amo

Lo odio porque lo amo.
Lo odio porque no le sirvo, porque mi existencia le es indiferente, porque a su lado sobro más de lo que falto.
Lo odio porque morí mil veces y no se enteró.
Lo odio porque lloré, grité, pataleé y no me escuchó.
Lo odio porque sabe de mi indefensa fascinación por lo imposible. Porque no me creció ningún ala por encima de mis cicatrices.
Lo odio porque me hace odiar mis rarezas, odiar mis costumbres.
Lo odio porque me hace desear arrancar mis defectos, renacer y volver a morirme.
Lo odio porque lo amo. Lo amo porque lo sabe. Lo sabe porque así lo quise.